El Cineclub Sigma fue el espacio donde Marzel encontró su primera plataforma real de creación, y también el lugar donde consolidó su nombre como cineasta experimental. Allí realizó sus tres primeros cortos: A Norman McLaren (1990), Evidentemente comieron chocolate suizo (último rollo) (1991) y La ballena es buena (1991). Estas obras no fueron solo ejercicios de aprendizaje: se volvieron piezas de referencia dentro del cine cubano alternativo por su irreverencia, su libertad formal y su relación juguetona con la cita y la parodia.
A Norman McLaren fue el título que le dio mayor visibilidad temprana y obtuvo premios importantes en Cuba y España, entre ellos el Coral y el Mikeldi de Oro. En esta etapa ya aparece su rasgo central: hacer cine con pocos medios, pero con una imaginación visual muy sofisticada.