En 1991 ingresó a la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños (EICTV), donde rodó tres cortos más y se graduó en Dirección. La EICTV amplió su horizonte técnico y le permitió trabajar con un entorno más cercano al cine profesional, aunque sin abandonar su inclinación por el absurdo, el humor y la desobediencia estética. Allí realizó La pasión de Juana de Hardcore (1991), La ballena es mejor (1993) y Chao Sarah (1993), tres obras que consolidan su fase más experimental y lúdica.
Críticos y cineastas posteriores han descrito estas piezas como núcleos del “cine del absurdo” cubano, por su mezcla de parodia, musicalidad, teatralidad y ruptura narrativa. La EICTV también fue importante porque le permitió conectarse con una generación de creadores que entendían el cine como un campo de riesgo, no de obediencia.
Tras su paso por la EICTV, Marzel trabajó en el ICAIC, donde su talento visual y su irreverencia formal encontraron un espacio parcial de realización, pero también de conflicto. En ese periodo se le censuró un guion de largometraje de tono erótico e irreverente, considerado “no conveniente” para ser filmado en ese momento, aunque al mismo tiempo se le permitió realizar su ego-clip Marzel… A Spinetta y varios spots para el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, piezas que hoy se recuerdan entre las más logradas del evento. Esa contradicción define una etapa decisiva en su trayectoria: un momento de máxima visibilidad institucional y, a la vez, de creciente incompatibilidad con los límites creativos impuestos desde arriba.